Me llama princesa. Le digo que no puedo ser una princesa; que las princesas no son torpes, ni duermen la siesta, que ellas no ven dibujos animados, que no dicen palabrotas ni les gusta mojarse cuando llueve. Que no puedo ser una princesa, porque ellas no tienen tantas manias ni tantas aficiones. Pero él, tan cabezón como siempre, me contesta que sí que lo soy, que aunque no soy perfecta, mis defectos encajan con el a la perfeccion, y que por ese simple hecho, ya soy una princesa. El no se da cuenta de que si soy princesa, es unica y exclusivamente porque estoy con un principito. Pero sonrio sin decir nada y dejo que crea que él no es lo mejor de nosotros, lo mas especial de nuestra historia, aunque si se lo demuestro con el mejor de los abrazos y el mas apasionado de los besos.
Que el mes que viene sea sin gatos negros.
Te quiero
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